En mi actual trabajo y en las empresas en las que he trabajado, he tenido siempre la posibilidad de asistir a conferencias y jornadas de temática medioambiental. Considero que es importante poder acceder a este tipo de encuentros para refrescar y repensar nuestro día a día laboral y además, aprovechar los espacios de networking que ofrecen. También son una ventana para descubrir y aprender otras maneras de hacer a través de otras experiencias.

Unas de las temáticas que últimamente están apareciendo como “Trending Topic” son la Gentrificación y Justicia ambiental, conceptos que yo resumiría como el impacto social asociado a una mejora medioambiental y la igualdad de condiciones para llevarla a cabo. Podríamos empezar trabajando a un nivel de escala de barrio, en el que la mejora del entorno al incorporar zonas verdes suponga una subida del precio de la vivienda. También podríamos pensar en que no debería haber ningún plan de mejora ambiental que no tuviese a la ciudadanía y su entorno en el punto de mira. Porque de poco sirve llevar a cabo acciones de mitigación del cambio climático y desarrollar e implantar proyectos alineados con los Objetivos del Desarrollo Sostenible, sino nos damos cuenta de que el partido para salvar el planeta y con él, la humanidad, lo tenemos que jugar tod@s.

Y en una de esas brillantes jornadas, volvió a salir una mención respecto a África de la que estoy muy cansada. Sí, señorxs, estoy muy cansada de encontrarme a menudo científic@s, investigadorxs, consultorxs varios con una gran capacidad para ver y analizar la realidad de un proyecto de manera holística. Profesionales que saben evaluar qué hace que un buen proyecto sea un éxito o no, según las características y limitaciones técnicas, el territorio, la población a la que vaya destinado y los condicionantes culturales, pero…, algo pasa cuando ese proyecto se ha realizado en algún lugar del extenso continente africano. De repente, África es un país, una ciudad o un pueblo del que parece que tod@s sabemos cómo actuará la población: l@s african@s son alegres; están acostumbrad@s a vivir entre insectos por eso no les importa vivir rodead@s de zonas verdes; con muy poco que les des se sienten agradecidos; voy a África a ayudar, etc. Estas frases pueden responder a un tipo de proyecto asociado a alguna ONG – y no seré yo quien niegue la existencia de una realidad pobre en muchos sentidos en África-, pero hace falta poner nombre al lugar donde se trabaja, contextualizarlo y dejar de tener una mirada tan limitada de todo aquello que representa a un continente con 54 países y una diversidad inmensa. Es como si yo trabajase en un barrio marginal de Barcelona y lo analizase como si hablase de la ciudad de Barcelona en general, ¿no? O más aún, -para hablar su mismo idioma-, hablaría de un proyecto en Europa… Y pienso, ¿qué dirían de mí si en una exposición redujera de esa manera la realidad de Europa? Dudo que me volviesen a invitar…

 

                                     http://www.cccb.org/es/exposiciones/ficha/making-africa/213052

 

Pero tranquil@s que hay esperanza, cada vez hay más interpelaciones a este tipo de “discurso” y el camino para llevar a esos hombres y mujeres de la caverna a la luz ya está trazado. No les iría nada mal ponerse las gafas del artista keniano Cyrus Kabiru, pero que nada mal… ;-).

 

¡Feliz Navidad y Felices Fiestas! 2019…OKANE!!!

 

I want a Life that make me DANCE!!

Wiyaala — Make Me Dance

Comenta usando Facebook

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo válida.

Menú